¿Por qué, Hollywood? ¿Por qué? Parte 1.
La industria del entretenimiento se encuentra en su peor momento. ¿Qué está pasando?
Gran parte del problema de por qué Hollywood está en su peor momento (inclusive al bordo del colapso) es porque sus estrellas, las que antes iluminaban el entorno de la industria, y servían como modelos de aura inalcanzable, ahora dejaron de serlo y se convirtieron en propagandistas de una izquierda de cerebrada. Es difícil ver una película o serie con un actor que sabes defiende pedófilos o es un socialista energúmeno.
Robert DeNiro, por ejemplo, en mi opinión, en su momento fue el más grande de los grandes. Hoy es un enano que causa repulsión, y al cual ya no le creo ninguno de sus personajes. Ya no me interesa. Literalmente lo evito a la hora de buscar algo en las plataformas o en el cine. Incluso, en papeles clásicos que marcaron mi juventud (Casino, Goodfellas, The Untouchables) ya no me atrae. Dejó de gustarme. Es difícil separar al personaje de su intérprete pigmeo.
Otro ejemplo es Mark Ruffalo, quien tampoco es como que ha tenido una carrera brillante, pero, aún así es insoportable y exhibe un puntaje de -5 de coeficiente intelectual en su desesperación por figurar en las noticias. Entiendo que, a veces, ciertos actores desangelados necesitan ayuda para levantar su imagen. Sobretodo cuando no hay mucho talento (como en su caso). Pero lo que está haciendo no es la solución. Insultar a quien no piensa como él no le trae nada bueno. Para nada. Al contrario.
El que más me dolió fue Mark Hamill. Literalmente me arruinó mi amor por Star Wars con sus rabietas de retrasado mental en twitter en contra de la derecha. Igual Stephen King, quien fue mi escritor favorito toda la vida. Dejó de serlo cuando me di cuenta que, sí, escribe muy bien, pero tiene el intelecto de una hormiga cuando se trata de causas sociales, y una inteligencia emocional de un niño de 2 meses de parido. Se cayó del pedestal en que lo tenía.
Sería una decisión inteligente que todas estas figuras del entretenimiento se limitaran a entretener y dejaran su ideología política a un lado, cual sea que esta fuere. Sus declaraciones y exhibiciones de odio hacia cierta corriente de pensamiento no ayuda en nada a la industria. Y hoy, más que nunca, con la falta de creatividad en los realizadores, y las frívolas y perturbadoras agendas inmiscuidas en el contenido, se necesita más talento y menos propagandistas.
Las elecciones pasadas ya nos mostraron que a la gente no le interesa la opinión política de ninguna celebridad. Kamala Harris contaba con toda la gama de actores, cantantes, escritores, modelos, directores, productores… todos remando para el mismo lado a su favor, y, aún así, no tuvo los resultados que buscaban. Lo que sí resultó cierto fue un declive considerable en la taquilla del cine, y una apatía del consumidor para con las plataformas de entretenimiento “mainstream”. Esto tuvo como consecuencia un crecimiento de aplicaciones de redes sociales como opción para pasar el rato, y una estrepitosa caída en el intelecto de nuestras nuevas generaciones.
Bien lo dijo en su momento un famoso actor cuando le preguntaron por su intención de voto en las pasadas elecciones: “Soy un hombre que se gana la vida recitando líneas escritas por alguien más y usando maquillaje. ¿Por qué te interesa mi opinión política?
Y mire, es evidente que mi ideología política se inclina hacia la derecha. Pero tengo claro que, de ninguna manera me interesa que ningún actor, músico, cantante, productor, director, celebridad, etc, promueva mi corriente de pensamiento como si fuera ley. No. Ni a favor ni en contra. Ninguna “estrella” debe tener injerencia en nuestra forma de construir nuestras ideas y como forjar nuestra esencia como seres humanos. Pensar que esto debe ser así es colocarnos bajo su influencia y, por ende, considerarnos a nosotros mismos seres inferiores.
Esta es la primera parte de una serie de opinión sobre la caída de la industria del entretenimiento y sus consecuencias en la sociedad.


